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ToggleSoy ALTAS CAPACIDADES… ¿y qué?
En enero de 2024 me evalúe porque estaba segura de que tenía TDAH. Esto es algo que ya he contado en mis redes sociales, a continuación, te adjunto uno de los vídeos donde cuento un poquito mi experiencia.
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Una publicación compartida de Nerea Riveiro | Pedagoga infantojuvenil🧠 (@pedagoque)
La realidad es que realizar mi evaluación me ha dado muchas respuestas, pero también me ha hecho cuestionarme muchas cosas de mi misma. Durante años he acompañado a familias y profesionales en este camino, explicando qué significa, cómo intervenir y por qué es tan importante una detección temprana. Sin embargo, escuchar mi propio diagnóstico me obligó a mirar desde otro ángulo: el interno.
He pasado por todas esas etapas que pasan muchas de mis familias cuando reciben la noticia y detectan de Altas Capacidades a sus hijos: he pasado por la negación (“no puede ser que yo tenga Alta Capacidad con lo que me costaba de pequeña estudiar…”), he pasado por la vergüenza (“qué van a pensar de mi si digo que tengo alta capacidad”), he pasado por el enfado (“¿por qué nadie se dio cuenta y me ayudó?”) … Y todo eso me hace poder empatizar más y mejor (aunque ya lo hacía antes) con todas esas familias que pasan el proceso y con sus hijos.
El primer impacto: la noticia se procesa en capas
Saber que uno tiene altas capacidades no es —como suele creerse— una validación inmediata ni una alegría pura. En mi experiencia, y en la de muchas personas que he acompañado, aparece una mezcla de sorpresa, alivio, duda y a la vez incredulidad. Uno revisa retrospectivamente la vida escolar, las sensaciones de “ir descompasado”, la intensidad emocional o la hiperactividad mental que siempre te hacía estar disperso.
También surge un duelo: el de comprender que lo que consideraste “características personales” eran, en parte, indicadores no identificados. Este procesamiento requiere tiempo y, sobre todo, diálogo: con uno mismo y con otros. También el sentimiento de “no me conozco, no sé quién soy”, emerge… todo lo que creías de ti, sientes que ya no es.
Emociones que no siempre se cuentan
La alta capacidad no solo trae habilidades cognitivas elevadas. También se asocia con mayor sensibilidad, un pensamiento más profundo y, en muchos casos, hiperexigencia y perfeccionismo. Tras la detección, es común sentir alivio —por fin hay un nombre—, pero también miedo: ¿Y ahora qué? ¿Debo rendir más? ¿Se espera algo de mí?
Estas emociones no son un error; son parte natural del proceso. Tomar conciencia de ellas permite construir una autoimagen más sana y realista. También viene combatir con todos esos mitos que rodean la alta capacidad: pensar que simplemente se limita a un cociente intelectual elevado, a ser más inteligente… cuando hay mucho más detrás.
Muchas personas de tu entorno pueden burlarse de la noticia, hacerte bromas en relación a ella… cuando tú ni si quiera estás preparado para hablar en voz alta de esto. Así que no solo hay que afrontar la nueva noticia y navegar por la intensidad de tus emociones, sino que también tienes que lidiar con otras cosas.
Más que un número: lo que realmente conlleva tener altas capacidades
Es importante recordar que la alta capacidad no es sinónimo de sacar dieces, ni de genialidad universal, ni de funcionamiento perfecto. Tener un CI alto es solo una parte. El perfil de una persona con alta capacidad incluye:
- Procesamiento rápido y profundo de la información, a menudo con pensamiento divergente.
- Curiosidad intensa, que puede percibirse como “preguntarlo todo” o “ir demasiado lejos”.
- Hiperfoco en temas de interésy dificultad para sostener tareas poco estimulantes.
- Mayor sensibilidad emocional y sensorial, que puede confundirse con inmadurez o “exageración”.
- Necesidad de reto intelectualpara mantener la motivación.
- Tendencia a la autoexigencia, a veces acompañada de perfeccionismo.
Cuando no se sabe qué hacer con estas características, pueden derivar en frustración, ansiedad o desmotivación. Con acompañamiento adecuado, sin embargo, se convierten en herramientas poderosas de creatividad, aprendizaje y bienestar.
Después de la detección: un camino, no una etiqueta
Lo más relevante después de ser identificado no la etiqueta en sí, sino el proceso de autoconocimiento que se abre. Entender cómo aprendemos, qué nos estimula, qué nos bloquea y cómo gestionar nuestras emociones es fundamental para desarrollar un bienestar real.
Identificar la alta capacidad no es un punto final: es una brújula. Y aprender a usarla —en lo académico, lo profesional y lo personal— es el verdadero viaje.
Si quieres saber más sobre altas capacidades puedes leer otros de nuestros artículos: «Preguntas sobre Altas Capacidades».