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ToggleImpacto oculto de las pantallas y redes sociales en la conducta y rendimiento académico
Actualmente la tecnología está muy presente, con ello, las pantallas y las redes sociales se han convertido en elementos del día a día, especialmente para los más jóvenes. Afectando así a su modo de relacionarse, aprender, divertirse e incluso construir su identidad. Sin embargo, como familia, es normal preguntarse: ¿cómo influyen realmente en su conducta y en su rendimiento académico? Y, especialmente, saber de qué manera acompañarlos para que mantengan una relación saludable con la tecnología.
El tiempo en la pantalla y su influencia en la conducta.
En sí, el uso de los dispositivos no es negativo, lo alarmante se da cuando el uso de estos sustituye actividades fundamentales como dormir, descansar, pasar tiempo en familia y/o con amistades o jugar al aire libre. Cuando esto empieza a suceder es común observar ciertos cambios de conducta como pueden ser:
- Mayor irritabilidad al dejar de usar la pantalla.
- Baja tolerancia a la frustración, especialmente cuando los límites no están bien definidos.
- Menor capacidad de espera y autorregulación, ya que, el uso de pantallas provoca que el cerebro se acostumbre a diversos estímulos rápidos.
- Preferencia por el entorno digital frente a actividades presenciales, lo cual puede derivar en cierto aislamiento social.
Estos comportamientos aparecen de forma paulatina, es decir, no es propio verlo de un día para otro. Por lo cual, es recomendable que las familias presten atención a pequeñas señales: la pérdida de interés por el entorno social prefiriendo pasar tiempo con los dispositivos electrónicos, discusiones constantes por el móvil, molestia o irritación si no hay buena conexión a internet y revisión constante de los aparatos electrónicos por la posible presencia de notificaciones, entre otras.
Cómo influyen las redes sociales en el rendimiento académico.
Las redes sociales están diseñadas para activar el cerebro de forma inmediata a través de mensajes instantáneos, notificaciones, vídeos, etc. El uso de estas puede representar un desafío frente a las actividades escolares que requieren de concentración, atención sostenida, esfuerzo y paciencia.
Algunas de las consecuencias más frecuentes en estudiantes ante el uso desmesurado de redes sociales son:
- Distracciones constantes durante el estudio o realización de tareas.
- Dificultad para mantener la concentración y atención en clase.
- Calidad del sueño pobre, especialmente si se usan antes de ir a dormir.
- Procrastinación, pueden terminar usando el móvil como método de escape cada vez que haya que esforzarse académicamente.
No se trata de ver la tecnología como “un enemigo”, sino de comprender que el cerebro de los más peques y adolescentes aún está en proceso de maduración, y por ello les cuesta más autorregularse.
¿Qué puedes hacer como familia?
La clave es acompañar sin controlar. Algunas de las prácticas más importantes pueden ser:
- Definir límites claros y coherentes
Establecer horarios de uso de los dispositivos es más favorable que buscar prohibirlos o limitarlos con frases autoritarias. Siempre será más útil tener acuerdos.
- Acompañar más allá de vigilar su uso
Crear un ambiente de confianza y cercanía es lo más idóneo, como familia se podría preguntar qué ven, qué les gusta, con quién hablan, etc., ya que, así se podría dejar ver situaciones riesgosas a tiempo.
- Fomentar otras actividades en su día a día
Hacer deporte, manualidades, jugar en familia o leer son alternativas al uso de la pantalla. Es importante que sepan que hay muchas otras actividades para realizar fuera del mundo tecnológico.
- Ser ejemplo
Los más peques y adolescente suelen aprender más de lo que ven que hacen que de lo que dicen sus familiares. Si se busca que gestionen mejor la tecnología, conviene reflexionar sobre el propio uso.
- Hablar sobre riesgos y emociones
Las redes sociales pueden generar necesidad de aprobación por parte de los demás, actitudes comparativas o ansiedad. Hablar siempre será una buena forma de incentivar que expresen sus emociones y desarrollen su propio criterio.
Es importante recordar que el problema no es la tecnología, sino la forma en la que se integra en la vida familiar. Con límites coherentes y buena comunicación, las pantallas pueden coexistir con un buen rendimiento académico y un desarrollo emocional saludable. Hay que enseñar a utilizar la tecnología con responsabilidad y equilibrio.
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