¿Por qué no proyectar tus miedos en tus hijos/as?

¿Por qué no proyectar tus miedos en tus hijos/as?

“No te subas ahí que te puedes caer”, “No toques eso porque te harás daño”, “No vayas rápido con la bici”, “No…” “No…” “No…”. ¿Te has sentido identificado/a con alguna de esas frases? Ahora hazte esta pregunta… ¿Ese miedo es de tu hijo/a o es tuyo?

Bien, te habrás dado cuenta de que esas frases que has dicho a tu hijo/a en alguna ocasión están infundadas por un temor que es COMPLETAMENTE TUYO. Miedo a que se haga daño, a que se caiga, a que viva situaciones incómodas o injustas… pero, al fin y al cabo, son tus temores. Y al final acabarán siendo los de él/ella cuando se haga mayor si le sigues mandando este tipo de avisos.

Pregúntate el mensaje que le estás enviado y que está recibiendo él. Su cerebro dice: ¡eh! Quieto ahí. Aquí hay un peligro, una tesitura para la que no estamos preparados o que no tenemos capacidad de asumir o afrontar. Así que, ese estado o similares los intentará evitar a toda costa.

¿Qué consecuencias existen a largo plazo cuando proyectas tus miedos en tus niños?

– Baja autoestima: Tu hijo podría desarrollarla, lo cual repercutirá en su personalidad y en la forma de afrontar situaciones nuevas. Además, de la manera que tendrá de verse a sí mismo. No se verá capaz, creerá que no vale.

– Evitará explorar su entorno: Esto hará que no desarrolle habilidades necesarias para la vida: empatía, relaciones interpersonales. Porque NO se verá capaz o necesitará la ayuda de otros para enfrentarse a eso que le está pasando.

– Dependencia: Estaremos educando a niños dependientes, que necesitarán el apoyo externo para tomar decisiones importantes y que le reafirmen si lo que está haciendo es lo correcto.

miedo

¿Cómo podemos intentar evitarlo?

Para nosotros los adultos, también resulta complicado gestionar los temores y enfrentarlos de tal manera que no afecten a los niños/as. Pero es el momento de intentarlo para que nuestras inseguridades no repercutan en ellos de la forma que se han reflejado en nosotros.

Por lo que, una de las cosas que podemos hacer es sentarnos con una libreta y reflexionar acerca de los temores que tenemos en lo que se refiere a nuestro hijo/a o a nosotros mismos: que se haga daño, que le rechacen, pavor a las alturas. Te acabarás dando cuenta que muchos de tus inseguridades las reflejas en él.

Por ejemplo: Tú tienes miedo vértigo, por eso cada vez que tu hijo se sube a un muro, escala por un árbol… le dices que se baje porque se puede caer y hacer daño. Pero estás pensando en ti, en tu miedo, no en la necesidad que tiene él de investigar y explorar su entorno para ganar confianza y desarrollar una autoestima sana y segura.

Una vez que hayas escrito esta lista, vas a intentar estar unas semanas en estado de alerta y cada vez que detectes uno de estos pensamientos, vas a realizar una técnica de autocontrol. Intentando NO proyectar ese miedo/idea irracional en él y cambiando tu frase por una más asertiva, incluso invitándole a explorar el entorno que le rodea.

Lo importante es que tú estés a su lado y le acompañes en el caso de que ocurra algo (se caiga, se haga daño, se enfade…). Pero nunca que le intentes EVITAR esas experiencias y le metas en una burbuja en la que nada puede ocurrirle. Piensa que aunque tu hijo sea muy peque y le veas siempre como tu niño, los años pasarán y crecerá, por lo que de mayor no vas a poder evitarle enfrentarse a ciertas situaciones.

Para esto, es necesario prepararle y dotarle de herramientas. Estas solo se consiguen a través de la experiencia y de la vida.

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