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ToggleNerea Riviero, pedagoga especializada en dificultades de aprendizaje: «Si un niño de 8 años no es capaz de estar 15 minutos haciendo una tarea, por mucho que le pongamos a hacerlo le seguirá pasando»
La falta de atención comienza a ser una constante en las aulas, situación que empeora con el uso de las pantallas. La pedagoga Nerea Riveiro nos explica cómo podemos corregirla desde casa con sencillos ejercicios.

No siempre es un problema
En una entrevista que la pedagoga concede a Telecinco, intenta sentar un importante precedente. Y es que no siempre que un niño se distraiga significa que tiene un problema de atención. De hecho, lo normal hasta ciertas edades es que se distraigan con mucha facilidad.
“El cerebro de los niños aún está en desarrollo”, explica Nerea Riviero para el citado medio. “La corteza prefrontal, que es la responsable de algunas funciones cognitivas complejas, como es la atención, aún está desarrollándose, por lo que es completamente normal que les cueste mantener la atención en una actividad durante mucho tiempo”.
A este dato biológico y del desarrollo se le suman otros factores, como el momento evolutivo en el que se encuentra un niño en sus primeros años de vida. Necesita explorar su entorno, “por lo tanto, esa curiosidad los lleva en muchas ocasiones a cambiar de foco rápidamente”, añade la especialista.
Desde su experiencia como experta en educación de la atención, de hecho, resalta que las distracciones constantes suelen “ser normal durante la primera infancia. Es decir, hasta aproximadamente los 6 años”. Y es que, durante nuestros primeros años de vida, la curiosidad por explorar ese mundo nuevo que se nos presenta lo invade todo. “Necesitan conocer su entorno para poder ir ganando experiencias y enriquecerse de distintos conocimientos”, asegura Riviero, “sin embargo, a partir de los 6 años ya podemos esperar de ellos que este cambio de foco no sea tan rápido”.
Cuando la atención comienza a preocuparnos
Pasada la barrera de los seis años, podemos empezar a impacientarnos por ver que nuestro hijo es capaz de sentarse a hacer los deberes, por ejemplo. O que es capaz de aguantar en clase sin despistarse. Esto, como recuerdan otros especialistas como Pedro Valenzuela, autor de Enséñame a leer, no es una fórmula exacta. No es que al cumplir los seis años, todos los niños estén preparados para prestar atención o que tengan exactamente las mismas capacidades. Respetar el ritmo de cada niño es fundamental para no convertir el aprendizaje en un proceso tortuoso.
De hecho, para Nerea lo que de verdad debe preocuparnos es el bienestar del menor. Para ella, debemos empezar a preocuparnos por la falta de atención “en el momento en el que le empieza a afectar [al niño] en su día a día, ya sea a nivel académico, emocional o relacional”. Y es que un niño que no es capaz de mantener una conversación o que no puede aprender porque se desconcentra en el aulapuede acabar mostrando señales de malestar. “Siempre que influya en la calidad de vida del niño, da igual el contexto, será importante prestar atención a esas señales y poder ofrecerle ayuda”.
Tratando la falta de atención
Para trabajar con la falta de atención, asegura la experta, no hay fórmulas mágicas e infalibles. Depende mucho del niño, ya que la falta de atención no siempre tiene que ver con un problema atencional. Intervienen muchos factores, “y la motivación es uno de ellos”, señala Riviera.
En su libro, la experta intenta abordar el problema desde diferentes perspectivas, entrenando la atención infantil de forma divertida y desde distintos prismas. Porque no se trata solo de poder mantener la atención a largo plazo, asegura, “también hay otros tipos de atención que son importantes, como puede ser la atención divida o selectiva”.
“Lo que está claro”, añade, “es que si un niño de 8 años no es capaz de estar 15 minutos haciendo una tarea (sea cual sea), por mucho que le pongamos a hacerlo le seguirá pasando lo mismo. Debemos encontrar el porqué y debemos ayudarle a entrenar esa atención para que cada vez pueda estar un poquito más”.
Y para hacerlo, la primera herramienta con la que debemos contar es el lenguaje afectuoso. Si le decimos a los niños “ya te he explicado esto 30 veces” o “es que no estás prestando atención”, mandamos el mensaje equivocado. “Mamá o papá creen que no soy capaz de entenderlo, pues será verdad”, explica la experta.
Por el contrario, “lo importante es hablarles desde la validación emocional, la asertividad y todo el amor que podamos ofrecerles”, asegura Nerea. Y es que ella defiende que son los niños “los primeros que sufren cuando no son capaces de concentrarse en algo que tienen que hacer”.
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